Nuevo reporte de la ONU insta a poner fin a la era de los combustibles fósiles
El sexto análisis del Panel Intergubernamental de Cambio Climático se enfoca en la mitigación de la crisis por el aumento de la temperatura

4 abril, 2022

“Este informe del IPCC es una letanía de promesas climáticas incumplidas. Es un archivo de la vergüenza, que cataloga las promesas vacías que nos ponen firmemente en el camino hacia un mundo invivible. Vamos por la vía rápida hacia el desastre climático. Es hora de que dejemos de quemar nuestro planeta y empecemos a invertir en las abundantes energías renovables que nos rodean”.

Con esta clarísima declaración de urgencia el secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres presentó un nuevo capítulo del sexto reporte que el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) presentó hoy que se enfoca en la mitigación de la crisis por el aumento de la temperatura.

El informe del Grupo de Trabajo III (WGIII), cuyas conclusiones se presentan en medio de una guerra que tiene al petróleo y al gas como protagonistas, desarrolla distintos escenarios para mostrar que no es posible seguir apostando a estos combustibles y que el recambio energético debe empezar a suceder en esta década para recortar las emisiones contaminantes que detengan en 1,5ºC la suba de la temperatura media global.

Según los científicos, que analizaron los modos de mitigación del cambio climático, la infraestructura existente de combustibles fósiles podría agotar por sí sola el presupuesto de carbono restante. Esto significa que sólo con lo que ya existe, sin ninguna nueva inversión, la temperatura media del planeta superaría el límite de 1,5ºC. Para alcanzar 1,5°C, el mundo debe reducir las emisiones anuales de CO2 en un 48% para 2030, y alcanzar el cero neto para 2050, al tiempo que debe reducir las emisiones de metano en un tercio para 2030 y a la mitad para 2050″, indica el reporte cuya revisión se extendió hasta hace unas horas.

Esto requiere un cambio transformador y sostenido en todo el sistema energético, con profundas reducciones en el uso de combustibles fósiles, dejando un sistema eléctrico alimentado principalmente por energías renovables y una electrificación generalizada. En ese sentido, el nuevo informe vuelve a hablar sobre las responsabilidades: los países ricos siguen siendo los grandes emisores. Según los científicos, América del Norte, Europa, Australia, Japón y Nueva Zelanda tenían el 22% de la población mundial en 2019, pero contribuyeron con el 43% de las emisiones acumuladas históricas de CO2 entre 1850-2019. África y Asia Meridional tenían el 61% de la población mundial en 2019, pero solo contribuyeron con el 11%.

Si ese cálculo se hace en base a los hogares, el 10% de quienes cuentan con mayores emisiones per cápita contribuye con el 34-45% de las emisiones de gases de efecto invernadero, calculado en base al consumo de energía. Mientras que, aquellos con emisiones per cápita del 50% inferior contribuyen apenas con entre el 13 y el 15%. El reporte indica también, reiterando los últimos datos de la Agencia Internacional de Energía, que los activos de carbón corren el riesgo de quedar varados antes de 2030, mientras que es más probable que los activos de petróleo y gas queden varados hacia mediados de siglo.

“¿Cuántas advertencias más necesitamos antes de tomar las medidas necesarias para evitar la crisis climática? ¿Cuántas personas más deben sumirse en la pobreza para que nos demos cuenta de que el sistema energético está roto? ¿Y cuántas vidas más deben perderse a manos de dictadores y déspotas para que nos demos cuenta de que los combustibles fósiles son su moneda de cambio? Los combustibles fósiles contaminan el planeta, empobrecen a la gente y llenan los bolsillos de Putin”, dijo Mike Davis, CEO de la ONG Global Witness.

El reporte también habla de la posibilidad real de concretar la transición energética necesaria para evitar la catástrofe: desde 2010, se han observado disminuciones sostenidas de hasta el 85% en los costos de la energía solar y eólica y de las baterías. A través de un conjunto de políticas y leyes cada vez más amplio, se ha mejorado la eficiencia energética, se han reducido las tasas de deforestación y se ha acelerado la utilización de las energías renovables.

“Estamos en una encrucijada. Las decisiones que adoptemos ahora pueden asegurar un futuro digno. Contamos con las herramientas y los conocimientos especializados necesarios para limitar el calentamiento”, sostuvo Hoesung Lee, Presidente del IPCC. “Me alientan las acciones climáticas adoptadas en muchos países. Hay políticas, reglamentaciones e instrumentos de mercado que están resultando eficaces y que, si se amplían y se aplican de una manera más generalizada y equitativa, pueden respaldar una fuerte reducción de las emisiones y fomentar la innovación”, agregó.

La transición energética implicará, entre otras cosas, reducir de forma contundente el uso de los combustibles fósiles, extender la electrificación, mejorar la eficiencia energética y utilizar combustibles alternativos (como el hidrógeno).

“Si disponemos de las políticas, la infraestructura y las tecnologías adecuadas para realizar cambios en nuestros estilos de vida y comportamientos, de aquí a 2050, podremos reducir las emisiones de gases de efecto invernadero entre el 40% y el 70%. Esto ofrece importantes posibilidades que aún no hemos aprovechado”, sostuvo Priyadarshi Shukla, Copresidente del Grupo de Trabajo III del IPCC.

Ciudades y oportunidades

Las ciudades y otras zonas urbanas también ofrecen importantes oportunidades para reducir las emisiones. Esta reducción puede lograrse mediante un menor consumo de energía (por ejemplo, creando ciudades compactas y caminables), la electrificación del transporte en combinación con fuentes de energía de baja emisión, y una mayor absorción y almacenamiento de carbono a través de la naturaleza.

“Vemos ejemplos de edificios de energía cero o sin emisiones de carbono en casi todos los climas”, señaló Jim Skea, co-presidente del Grupo de Trabajo III del IPCC. “La adopción de medidas en esta década es fundamental para aprovechar el potencial de mitigación de los edificios”, advirtió.

La reducción de las emisiones en la industria implicará el uso de los materiales de manera más eficiente, la reutilización y el reciclaje de productos, y la reducción al mínimo de los residuos. En el caso de los materiales básicos, incluidos el acero, los materiales de construcción y los productos químicos, los procesos de producción de bajas emisiones o de emisión cero de gases de efecto invernadero se encuentran en las etapas de pruebas o cercanas a la comercialización. El sector industrial representa aproximadamente una cuarta parte de las emisiones globales. Será difícil alcanzar las emisiones netas iguales a cero y, para ello, será necesario crear nuevos procesos de producción, emplear hidrógeno y electricidad de bajas o cero emisiones y, cuando sea necesario, aplicar técnicas de captura y almacenamiento de carbono.

“Necesitamos que los principales emisores -en particular el G20- respondan a esta crisis que se agrava con la urgencia que exige. Y no sólo un aumento de los objetivos sobre el papel y nuevas promesas vacías, sino una reducción real de las emisiones en esta década, reduciendo las emisiones a la mitad para el año 2030, y logrando entonces emisiones netas cero para el año 2050 a más tardar. La dependencia de los combustibles fósiles está matando nuestro planeta. La AOSIS (coalición de países vulnerables) insta una vez más al G20 a eliminar todas los subsidios a los combustibles fósiles antes de 2023 y a desprenderse inmediatamente de las industrias intensivas en emisiones, canalizando todas las inversiones hacia un desarrollo bajo o sin emisiones de gases de efecto invernadero y resistente al clima”, dijo el presidente de la AOSIS, el embajador Walton Webson.

El nuevo informe indica que la agricultura, la silvicultura y otros usos de la tierra pueden reducir las emisiones a gran escala, así como eliminar y almacenar dióxido de carbono a gran escala. No obstante, la tierra no puede compensar la demora de las reducciones de las emisiones en otros sectores. Las opciones de respuesta pueden beneficiar a la biodiversidad, ayudarnos a adaptarnos al cambio climático y garantizar los medios de subsistencia y los suministros de alimento, agua y madera.

El informe va más allá de las tecnologías y demuestra que, si bien los flujos financieros son entre tres y seis veces inferiores a los niveles necesarios en 2030 para limitar el calentamiento a menos de 2°C, hay suficiente capital y liquidez a nivel global para subsanar el déficit de inversión. No obstante, esto depende de una clara señal de los gobiernos y la comunidad internacional que incluya una mayor armonización de las políticas y las finanzas del sector público.

“Sin tener en cuenta los beneficios económicos derivados de una reducción de los costos de adaptación o de los impactos climáticos que se evitan, el producto interno bruto mundial sería solo unos pocos puntos porcentuales inferior en 2050 si adoptamos las medidas necesarias para limitar el calentamiento a 2 °C (3,6 °F) o menos, en comparación con el mantenimiento de las políticas actuales”, sostuvo Shukla.

Guterres volvió a apelar a la acción climática por parte de los gobiernos: “A veces se tacha a los activistas del clima de radicales peligrosos. Pero los radicales que plantean un verdadero peligro son los países que están aumentando la producción de combustibles fósiles”.

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