Menos carbón y más energía sustentable: hacia un futuro de eficiencia energética
El cambio climático y sus consecuencias en el planeta nos obligan a implementar una matriz energética limpia. En este nuevo paradigma, la energía nuclear se posiciona como una alternativa eficaz en detrimento del carbón

8 marzo, 2022

El cambio climático y el deterioro del planeta son una realidad que ya está entre nosotros: los altibajos meteorológicos extremos, el derretimiento de glaciares y los incendios en distintas partes del mundo revelan que, entre otras respuestas, es necesaria la transición hacia un modelo de producción y consumo de energía sustentables.

Si bien es verdad que, en las cumbres internacionales, se firman acuerdos de morigeración de las emisiones de CO2, el informe elaborado por Urgewald y Reclaim Finance muestra cómo, en menos de tres años –entre enero de 2019 y noviembre de 2021–, los bancos comerciales canalizaron alrededor de 1,5 billones de dólares ligados a la industria del carbón, el combustible fósil más intensivo en carbono y directamente vinculado con el cambio climático.

Para ser más precisos, y según las cifras desgranadas por Bloomberg, entre préstamos y seguros, las entidades chinas alcanzaron los 748.700 millones de dólares; las de EE. UU., 207.500; y las niponas, 177.300. India, Reino Unido y Canadá sumaron 176.600 millones.

Ahora bien, dada la enorme importancia del carbón en nuestro esquema energético, ¿es posible la transición hacia un modelo sustentable?

UN PROBLEMA QUE EXIGE RESPUESTAS URGENTES

La reversibilidad del oscuro horizonte se encuentra sujeta a la programación y aplicación de medidas tendientes a un uso más sostenible y eficiente de la energía. El acceso digital a la selección mundial de bienes de consumo ya ha multiplicado las opciones disponibles de pedido online, y la producción personalizada de muchos artículos (utilizando ajustes individualizados de diseños informáticos y la fabricación aditiva) puede elevar el problema de la eficiencia energética a un nuevo nivel.

El cambio climático y el deterioro del planeta son una realidad que ya está entre nosotros: los altibajos meteorológicos extremos revelan que, entre otras respuestas, es necesaria la transición hacia un modelo de producción y consumo de energía sustentables. (Archivo DEF)

El consenso científico sobre el cambio climático aporta además otro dato: disponemos de poco tiempo para efectuar ajustes antes de que las consecuencias sean irreversibles. Con toda probabilidad, al hacer un uso eficiente de la energía, ayudamos a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, principal causa del calentamiento global, protegemos nuestros recursos no renovables, favorecemos que los servicios energéticos se brinden a un menor costo y, de esta manera, cuidamos también la economía.

ENERGÍA NUCLEAR, ¿SÍ O NO?

Durante los últimos años, varios estudios científicos han sido capaces de medir qué impacto tendría el desarrollo de las energías solar y eólica en la reducción de emisiones. Parece demostrado que, mediante la inversión en nuevas plantas puramente renovables en todo el mundo, podría lograrse hasta un 80 por ciento de los objetivos de descarbonización. Pero la falta de continuidad del sol y la intermitencia del viento hacen imposible llegar al 100 por ciento del recorte de emisiones sin el apoyo de otras fuentes, al menos hasta que se desarrollen nuevas infraestructuras de almacenamiento limpias aún inexistentes.

En otras palabras, el combate definitivo del cambio climático no es posible sin la existencia de otras energías. Y, entre ellas, aparece la nuclear como la más eficaz. Una vez más, desde el Centro de Desarrollo y Asistencia Tecnológica (CEDyAT), divisamos que en los últimos meses se ha instalado mediáticamente una discusión acerca del rol de la energía nuclear en la matriz energética en la Argentina, que ha dependido históricamente de los hidrocarburos para la generación de energía eléctrica.

En muchas ocasiones, se intentó caracterizar a la energía nuclear como poco segura, contaminante y obsoleta. Se la presentó como un enemigo del desarrollo y la sociedad en su conjunto. Ahora la ciencia ha demostrado que, junto a la eólica, la nuclear es la energía que menos CO2 emite a la atmósfera, por lo tanto, tiene toda la lógica, desde el punto de vista científico y medioambiental, que la Comisión Europea la considere verde en su taxonomía energética.

En los nuevos escenarios energéticos, se abrieron nuevas oportunidades. El 2 de febrero de 2022, la Unión Europea aprobó, bajo condiciones estrictas, actividades específicas de energía nuclear y gas en la lista de actividades económicas “verdes” o “limpias”. Los criterios están en consonancia con los objetivos climáticos y medioambientales de la UE, y ayudarán a acelerar el cambio de los combustibles fósiles sólidos o líquidos, incluido el carbón, hacia un futuro climáticamente neutro, explicaron las autoridades.

Todos los estudios realizados demuestran que es una fuente segura y eficaz. Por ejemplo, es responsable de un 99,8 por ciento menos de muertes que la producción de carbón.Según datos publicados por Our World in Data, el carbón produce 32,7 muertes por cada terawatio/hora generado (las muertes derivadas de accidentes, intoxicaciones, etc.). El gas produce 2,82 y la energía nuclear, 0,07.

EL CARBÓN: UN PROBLEMA POR RESOLVER

Si bien el desarrollo de la energía nuclear es una oportunidad que vale la pena explorar, es importante detenernos en un combustible fósil ineludible y, en gran medida, responsable de la situación actual: el carbón. Este recurso desempeña un papel clave en el sector energético, en el que constituye —según datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE)— casi el 40 por ciento de la generación de electricidad a escala global; su huella medioambiental es igualmente demoledora: es responsable del 46 por ciento de las emisiones de carbono. Los cálculos de los técnicos de la propia AIE concluyen que los gobiernos deben reducir de forma drástica el peso del carbono en el suministro mundial de energía.

Barato, abundante, rentable y el más contaminante de los combustibles fósiles, el carbón todavía es la fuente más grande de energía para generar electricidad en todo el mundo. Fue el combustible fósil que impulsó la era industrial, ha llevado al planeta al borde de un catastrófico cambio climático.

Uno de los últimos reportes del grupo de expertos financieros Carbon Tracker ha señalado con el dedo a China, India, Indonesia, Japón y Vietnam como responsables del 80 por ciento de las nuevas plantas de carbón planificadas en el mundo, más de 300 GW de nueva capacidad de carbón que pone en peligro los objetivos climáticos del Acuerdo de París y convierte a la COP 26 en tan solo un evento de marketing político.

Carbon Tracker publicó el informe titulado “No revivir el carbón”, en el que destaca el hecho de que China, India, Vietnam, Indonesia y Japón no solo son responsables del 80 por ciento de las nuevas plantas de carbón planificadas en el mundo, sino que también son responsables del 75 por ciento de la capacidad de carbón existente.

Además, en la actualidad, según el informe “Report: 2020 Just Transition or Just Talk?”, llevado adelante por Climate Action Network (CAN), Europe es la principal coalición de ONG de Europa que lucha contra el peligroso cambio climático. Con más de 170 organizaciones miembro activas en 38 países europeos, que representan a más de 1500 ONG, expone claramente que, de los 28, un total de 21 Estados miembro de la Unión Europea todavía utiliza carbón para la generación de electricidad y solo ocho de ellos están comprometidos a ser libres de carbón en 2030. De estos 21 países, 11 no prevén hacerlo antes de 2030, por lo que para esa fecha aún quedarán 60 GW de capacidad instalada de carbón, y esto supondrá una reducción del 58 por ciento respecto a los niveles actuales (143 GW).

HACIA UN FUTURO DE EFICIENCIA ENERGÉTICA

Tres factores determinan el éxito o fracaso del desarrollo de un modelo energético eficiente. El primero tiene que ver con los costos de la energía; el segundo, con la responsabilidad social de las empresas –contribución a la protección ambiental y los objetivos corporativos internos–; y el tercero, con la importancia política, que se evidencia a través de cambios en la legislación, estableciendo objetivos climáticos para el país y los incentivos impositivos y de crédito que acompañan a estas iniciativas.

La eficiencia energética se conquista, además, con las energías limpias y renovables, ya que permite aumentar su participación en la matriz energética más rápidamente y, a su vez, reducir los costos totales del sistema energético nacional. El escenario de alta eficiencia eléctrica impulsaría la economía, ya que las inversiones que contempla se centran en sectores con un gran impacto en desarrollo sustentable y creación de empleo genuino.

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